Mañana martes 3 de mayo, en el marco de la 42º Feria Internacional del Libro, se llevará a cabo la presentación del libro “La Casa de Abraham”, una compilación de trabajos vinculados a la problemática de Medio Oriente y al diálogo intercultural y religioso. 
La Mesa Redonda estará integrada por Claudio Epelman, Presidente del Congreso Judío Latinoamericano, la Diputada Claudia Calciano, legisladora de la Ciudad de Buenos Aires, Norberto Rodriguez, Secretario General de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA), Ramiro Anzit Guerrero, especialista en temas de Medio Oriente, Vicepresidente de la Fundación TESA y Susana Pesis, Presidente de la Fundación TESA e impulsora de “La Casa de Abraham”.


Presentamos aquí una introducción al libro que, además de los nombrados, incluye trabajos del Padre Ignacio Pérez del Viso S.J., Mauricio Dimant, Directos para América Latina del Instituto Truman (Universidad Hebrea de Jerusalén), Ariel Gonzalez, Universidad Koç de Estambul y Estefanía Larrosa, colaboradora de la Fundación TESA.  
La cita es a las 16:30, en la Sala Adolfo Bioy Casares. Pabellón Blanco. Predio Ferial de Palermo.

¿Por qué La
Casa de Abraham?
Por Eduardo R.
Callaey[1]
Hace diez años, Susana Pesis, junto a un grupo de ex alumnos del
Colegio Carlos Pellegrini, decidieron fundar TESA, que es un acrónimo de Taller
de Economía Sustentable Ambiental. Preocupados por los malos hábitos de consumo
y producción y con una mirada desde lo económico y lo social, se planteaban la
importancia fundamental de cuidar la biodiversidad como factor primario para
asegurar un equilibrio ecológico tal que permitiera la vida del ser humano en
la tierra.
Pero fueron más allá, planteando —desde la mirada de la alfabetización
ambiental— la importancia de cuidar y preservar la diversidad étnica, religiosa
y cultural para promover el equilibrio social. Así fue como comenzó el Programa
de Formadores de Opinión para la
Paz, que en un principio se limitó a la realización de viajes
a Israel y Palestina para incluir posteriormente Turquía y, más recientemente,
Jordania. Creían que la tarea podía dar frutos yendo a predicar el diálogo en
la diversidad en una de las regiones más conflictivas del planeta.
Desde el primer viaje hasta hoy la realidad ha
demostrado que la elección de la región era la correcta, pues desgraciadamente
el conflicto se fue agudizando hasta llegar al actual nivel de tensión que involucra
a prácticamente la totalidad de los países de Medio Oriente y la cuenca del
Mediterráneo Oriental. Se comprendió desde un principio que no podía hablarse
de biodiversidad y economía sustentable sin enmarcar el problema en uno más
grande, que es la ausencia de compromiso en comprender al otro y a su propia
percepción de la realidad.
En su libro sobre Las
Religiones del Mundo
, Houston Smith afirma que pese a la cercanía
geográfica, el mundo islámico permanece desconocido para los occidentales,
siendo que ambas culturas se extienden a lo largo de una vasta frontera en la
que, a lo largo de siglos, se desarrollaron sucesivos conflictos bélicos. En
esta exasperante ignorancia de la realidad del otro se asienta gran parte del
problema que hoy afecta a judíos, cristianos y musulmanes, cuando en realidad
las tres religiones provienen de un mismo tronco que nacieron en el mismo
espacio geográfico.
Los viajes del Programa TESA tuvieron, desde su inicio,
el claro objetivo de permitir a personas provenientes de la Argentina y otros países
de América Latina, acceder a una experiencia directa escuchando, en su propio
espacio, a los actores de la compleja trama que divide a los hombres en esa
región del mundo. Por otra parte la realidad indica que, de un modo u otro, las
principales potencias del planeta tensan sus intereses en la misma cuerda que
se extiende desde el norte de África hasta las planicies afganas.
A la fecha, cerca de trescientos profesionales,
empresarios, expertos en ciencias políticas, funcionarios, legisladores y
periodistas han participado en este programa. El método TESA consiste en una inmersión completa de los becarios en
Medio Oriente. Los aspectos más destacados tienen que ver con la cultura, la
política, la religión y la economía. Se desarrollan jornadas académicas en las
principales universidades de la región, entre las que cabe mencionar las
Universidades de Tel Aviv, Hebrea de Jerusalén (Israel), Ammán (Jordania) y
Koç  (Estambul, Turquía). En estas
jornadas, año tras año, los becarios asisten a conferencias y exposiciones de
especialistas en temas políticos, económicos y sociales. Las distintas
visiones, muchas veces contrapuestas, permiten una visión global que,
rápidamente,  hace entender al becario
que el panorama que enfrenta es mucho más complejo que el que imaginaba.
En los últimos años se han incluido en el programa a dos
instituciones que están involucradas directamente en el diálogo y en la
búsqueda de la paz en Medio Oriente. Una de ellas es el Instituto Truman para la Paz, que tiene su asiento en la Universidad Hebrea
de Jerusalén. La otra es el Real Instituto Inter Fe para la Paz, con sede en Ammán y que
depende directamente de la monarquía hachemita que reina en Jordania. El Real
Instituto Inter Fe ha hecho ingentes esfuerzos por difundir el denominado
Mensaje de Amman, que es un alegato del rey Abdullah II en contra del
fundamentalismo. El instituto fue visitado por el papa Francisco en su viaje
del 2014.
El Programa TESA también promueve reuniones con líderes
políticos, parlamentarios y funcionarios de los distintos gobiernos. La agenda
política incluye reuniones con diplomáticos acreditados en los países visitados
y con diversos grupos de debate político —los denominados think tanks— que expresan opiniones diversas respecto de los
gobiernos respectivos. También se indaga la visión de periodistas y de
corresponsales de guerra acreditados en la región, que muchas veces brindan
información importante respecto de la situación en las fronteras que cruzan a
diario en medio de gran peligro.
Otra de las cuestiones esenciales para la comprensión de
la problemática de Medio Oriente es la economía, un elemento central en todos
los conflictos, ya sea porque existen intereses en juego o porque el comercio
es una de las vías más efectivas para el intercambio y el contacto entre
culturas. El Programa TESA incluye reuniones de trabajo con asociaciones
empresariales en Israel, Jordania y Turquía. En algunos casos las diversas
delegaciones de becarios, integradas por empresarios, han expuesto sus actividades
y productos, y establecido contactos profesionales y comerciales con la región.
Pero tratándose de un viaje que recorre los principales
centros religiosos, una de las actividades más importantes ha sido justamente
el contacto con líderes religiosos. Una de estas visitas fue la que precipitó
la formación de La Casa
de Abraham.
Hacia mediados de noviembre de 2014 la delegación de
TESA llegó a Estambul con su novena promoción de becarios. Luego de visitar el
Patriarcado de Constantinopla, en el que habíamos podido sentir la preocupación
reinante respecto de la persecución de minorías religiosas por parte del ISIS,
fuimos recibidos por el Prof. Dr. Rahmi Yaran, Muftí de Estambul, líder
espiritual de los musulmanes turcos.
Se produjo entonces un hecho que nos conmovería a todos
y que, en última instancia, sería el disparador de este proyecto. Luego de
referirse a la situación de persecución y violencia a la que estaban siendo
sometidas algunas comunidades religiosas en Irak y Siria y de condenar en duros
términos a quienes la estaban llevando a cabo señalándolos como ajenos a los
principios del Islam, el Dr. Yaran expresó su profunda preocupación por las
consecuencias que estos hechos pudieran tener en Europa occidental. Se refirió
concretamente al temor de que se desatara una ola de islamofobia, mencionando a los varios millones de turcos que viven actualmente
en países europeos, en especial Alemania. Su alegato a favor de la paz y su
condena a todo tipo de violencia religiosa fue contundente.
Finalizada la reunión, a la hora de intercambiar
presentes protocolares, el Mufti sorprendió a la presidente de TESA
obsequiándole un antiguo ejemplar del Sagrado Corán, al mismo tiempo que la
instaba a que realizara todos los esfuerzos posibles para transmitir su mensaje
de paz allí donde fuéramos, pero principalmente en nuestros países en América
del Sur.
Este gesto no podía quedar sin una respuesta concreta.
Ya de regreso en Buenos Aires, Susana Pesis decidió que ese valioso Corán debía
ser un símbolo de paz y convertirse en piedra angular de una muestra que
reuniera los Libros Sagrados de las tres grandes religiones monoteístas. Así
nació La Casa de
Abraham, luego de que el Museo Judío de Buenos Aires, dependiente de la Sinagoga de la calle
Libertad —la más antigua de la
Argentina, hoy monumento nacional— cediera sus instalaciones
para la muestra.
En los meses siguientes se fueron
asociando voluntades para que este proyecto fuera viable. Los rabinos Sergio
Bergman y Simon Moguilevsky, no solo ofrecieron las instalaciones del Museo
Judío de Buenos Aires como digno marco a tan generosa iniciativa sino que
acompañaron la gestión aportando a la muestra un Tanaj (Biblia Hebrea).
Pronto las noticias llegarían a
Israel. Enterado del proyecto, el Gran Rabino de Jerusalén, Dr. Shlomo Amar,
ofreció donar El Libro de los Salmos, en idioma hebreo, donde incluiría una
bendición para el pueblo argentino de su puño y letra.
Se iniciaron conversaciones con la Iglesia Católica.
El padre Fernando Giannetti, en representación de la Conferencia Episcopal Argentina
y la Sra. Gloria
W. de Padilla, secretaria de la Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con
el Judaísmo, el Islam y las Religiones (CEERJIR) y la Editorial Verbo Divino,
ofrecieron como donación la Biblia Pueblo de Dios —editada en la Argentina— a la vez
que gestionaron la donación de un texto en arameo de la Iglesia Ortodoxa Apostólica
de Antioquia y un texto en griego de la Iglesia Apostólica Griega.
El proyecto tuvo también el
inmediato apoyo de la
Iglesia Evangélica Luterana Unida, que donó un antiguo
himnario. De modo que, luego de varios meses de trabajo intenso, habíamos
logrado que la comunidad judía y las distintas expresiones del cristianismo se
sumaran a La Casa
de Abraham para conformar —junto con el Corán— una colección de textos sagrados
provenientes de las tres Grandes Religiones del Libro.
El día 8 de octubre de 2015, casi un
año después de que Susana Pesis recibiera el Sagrado Corán de manos del Mufti
de Estambul, quedaba inaugurada la muestra en el hall de la propia Sinagoga de
la calle Libertad en un acto que contó con un nutrido público y la presencia de
los embajadores Tanner Karaças (Turquía), Doris Shavit (Israel), Karin Proidl
(Austria), Bernhard Graf von Waldersee (Alemania), Jean-Michel Casa (Francia) y
Noah Mamet (Estados Unidos de América). La presencia de este grupo de
diplomáticos marcaba claramente que la iniciativa excedía el marco local.
El evento fue celebrado por los
rabinos Sergio Bergman y Simón Moguilevsky, el padre Fernando Giannetti,
representante arquidiocesano para el diálogo interreligioso, los pastores luteranos
Alan Eldrid y Gustavo Gómez Pascua, este último presidente de la Iglesia Evangélica
Luterana Unida en la
Argentina y Uruguay y el obispo José Bosch de la  Iglesia Ortodoxa Griega del
Patriarcado de Constantinopla.
Durante el transcurso del evento, el
embajador de Turquía, Tanner Karaças, se dirigió al público para manifestar que
esa reunión de cristianos, judíos y musulmanes, le traía reminiscencias del
barrio en el que había crecido, en el que era habitual la convivencia religiosa
y la presencia de sinagogas, mezquitas e iglesias cristianas. En esa atmósfera
de concordia, Karaças leyó un mensaje enviado por el Mufti de Estambul,
enterado del acto que se estaba realizando en Buenos Aires. Esto es lo que
dijo:
Alá Todopoderoso, comenzando desde el primer hombre nos ha enviado
mensajes a toda la humanidad, y nos ha mostrado el camino a la felicidad. Estos
mensajes fueron enviados a través de los profetas elegidos entre el pueblo. El
Corán establece claramente el nombre de 25 profetas, así como también aclara
que no se limitan a ese número. El profeta Abraham, el profeta Ismael, el
profeta Isaac, el profeta Moisés y el profeta Jesús, son algunos de los
mencionados en el Corán. Todos ellos han llevado el mensaje a la humanidad de
que Dios es uno, sin nadie que se le equipare ni parezca. Aquellos mensajes
divinos de los profetas son en esencia los mismos que luego fueron diseminados
a las siguientes generaciones en textos escritos.
El Sagrado Corán es el mensaje divino que ha venido con el último
profeta, Muhammad, y conserva su estado original hasta el día de hoy sin cambio
alguno. El Corán hace referencia como ‘Gente del Libro’ a las comunidades
anteriores al Islam basadas en los mensajes de los profetas (los del libro,
creyentes en el libro), y los coloca en un lugar común e invita a la
comprensión: “Di: ‘¡Gente del Libro! Convengamos en una fórmula aceptable
a nosotros y a vosotros, según la cual no serviremos sino a Alá, no le
asociaremos nada y no tomaremos a nadie de entre nosotros como Señor fuera de
Alá’.” (Al-Imran, 3:64).
Los musulmanes, que adoptaron la comprensión del Islam, han
convivido junto con todas las comunidades judías y cristianas que dieron
respuesta positiva, o no, a esta convocatoria; han proporcionado la seguridad
en sus vidas, propiedades y creencias. Este es un requisito de su fe y es una
petición del Corán.
Los círculos que sostienen el poder en el mundo, pueden construir un
futuro de paz teniendo en cuenta los derechos de las diferentes religiones. En
este ambiente de paz, todos pueden vivir y transmitir libremente sus creencias
a las generaciones futuras. Además, las personas pueden conocer diferentes
creencias y quienes quieran profesar su fe a una amplia audiencia se pueden
beneficiar en este ambiente de paz sin insultar a nadie.
Envío mis saludos y mis mayores deseos de éxito a todos los
involucrados en este evento organizado por TESA, que con gran esfuerzo
contribuye a la paz y esperanza del mundo, y a la construcción de un futuro
mejor.
Estambul, 8 de Octubre de 2015
Prof. Dr. Rahmi YARAN
Mufti de Estambul
Con estas palabras quedaba
inaugurada una muestra que no pretende ser un espacio físico sino el producto
del encuentro espiritual entre los descendientes del patriarca Abraham,
celebrando la diversidad de la misma revelación del monoteísmo ético y
humanista en la
Sagrada Tora, en los Santos Evangelios y en el Sagrado Corán.
Habíamos cumplido con el deseo de
Rahmi Yaran al convertir aquel antiguo Corán en el cimiento de una Casa común
erigida a la paz y al diálogo interreligioso. Pero con ese acto no concluía
nuestra intención, sino que comenzaba. La Casa de Abraham debía convertirse en un edificio
espiritual consagrado a la tarea que siempre animó los objetivos de la Fundación TESA: predicar el diálogo en la diversidad en una
de las regiones más conflictivas del planeta
. Y estábamos convencidos de
que el acto que acabábamos de realizar en Buenos Aires no podía quedar limitado
a esta lejana geografía sino que debía regresar al lugar en el que había nacido
la iniciativa.
Un mes después de la inauguración de
La Casa de
Abraham, un nuevo contingente de la Fundación
TESA marchó hacia Medio Oriente para cumplir su programa
anual de becarios; pero esta vez se agregaba la necesidad de encontrar
interlocutores que nos apoyaran en la difusión y replica de lo que aquí se
había logrado.
Durante dos semanas recorrimos las
principales ciudades de Israel, atravesamos el desierto jordano y llegamos
finalmente a Estambul. En el camino tuvimos la oportunidad de exponer nuestro
proyecto La Casa
de Abraham en el Instituto Truman de la Universidad Hebrea
de Jerusalén ante Mauricio Dimant. En efecto, The Harry S. Truman Research Institute for the Advancement of Peace no solo había adherido
a la presentación de La Casa
de Abraham, sino que ahora nos recibía ante el hecho consumado.
En Amman nos reunimos con la Dra. Majeda
Omar, Directora de The Royal Institute
for Inter-Faith Studies 
(RIIFS), con la misma intención de sumar
organizaciones comprometidas con la paz y el diálogo entre culturas.
Finalmente, como si se completara la
primera vuelta de un espiral, nos reencontramos con el Mufti, el hombre que
había entregado aquel Sagrado Corán como prenda de paz, al que ahora podíamos
decirle que su deseo se había cumplido.
Hasta aquí la crónica de los hechos.
La idea de reunir en un libro
algunas reflexiones en torno a la ética común de las tres religiones
monoteístas surgió casi espontáneamente en el mismo momento en que se articulaban
las primeras ideas en torno a La
Casa de Abraham. Creímos que un documento escrito, que bien
podía ser el primero de una serie dedicada a reunir los esfuerzos comunes para
el diálogo entre las religiones y culturas surgidas en Medio Oriente, era una
herramienta que no podíamos soslayar. Pero todo texto tiene un pretexto y un
contexto, es decir, una necesidad previa que lo justifica y un marco en el que
se publica.
Quienes hemos tenido la fortuna de
participar en el Programa de Formadores de Opinión para la Paz sabemos que hay un antes y
un después de la experiencia de Medio Oriente. La necesidad de sentir la
realidad más allá de las noticias que llegan filtradas por el tamiz de un medio
gráfico o televisivo se percibe apenas se toma contacto con los actores que
hacen a la dinámica de la región.
La crisis de los refugiados, la
creciente preocupación en torno al desplazamiento de millones de seres humanos
como no se veía desde hace mucho tiempo, sumado al discurso intolerante de
algunas organizaciones a ambos extremos del conflicto, hace cada vez más
importante la mirada directa, ausente de intereses, dispuesta a tender puentes
en medio de un clima, de a ratos, exasperante.
Las razones que nos llevan a
presentar este primer volumen de La Casa de Abraham surgen de la impostergable
tarea de encontrar a aquellas voces que, aun en medio del ruido violento del
desacuerdo, mantienen la tenacidad del que sabe que posee una única opción: el
diálogo.

[1] Escritor.
Editor. Coordinador del Programa Medio Oriente – Formadores de Opinión para la Paz, de la Fundación TESA.
Líder de Proyecto de La Casa
de Abraham. Compilador de la presente edición.  
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